Lo que parece una simple disputa por un alquiler entre la Municipalidad y la Beneficencia, es en realidad el reflejo de una gestión que le da la espalda a quienes más necesitan ayuda social.
Detrás de las rejas de un depósito de vehículos en Huancayo, no solo hay autos retenidos y polvo acumulado. Hay una crisis de gestión que ha comenzado a pasarle factura a los comedores populares, albergues y programas sociales de la ciudad. La disputa por un predio entre la Sociedad de Beneficencia y la Municipalidad Provincial de Huancayo (MPH) ha dejado de ser un trámite administrativo para convertirse en una herida abierta en la administración pública.
La deuda que duele
La Beneficencia de Huancayo ha alzado la voz con una cifra que preocupa: 80 mil soles. Ese es el monto que la comuna huancaína arrastraría por el alquiler impago del depósito municipal desde el año 2024. Según Humercindo Núñez Solís, gerente de la Beneficencia, el contrato venció el pasado 31 de marzo, y desde entonces, la municipalidad ocupa el inmueble en una suerte de «limbo legal».
«Solo recibimos promesas. Nos dicen que no hay presupuesto, pero el predio sigue siendo usado», lamenta Núñez. Para la Beneficencia, cada sol no cobrado es un recurso que se le quita a un anciano en abandono o a un niño en situación de riesgo. Aquí, el desorden administrativo tiene rostro humano.
Versiones encontradas y falta de orden
Desde el otro lado de la acera, el gerente de Tránsito y Transporte de la municipalidad, Jorge Quispe, intenta matizar la crisis. Asegura que en lo que va del 2026 se han desembolsado unos 30 mil soles, pero admite que los números no cuadran entre ambas instituciones.
Mientras los funcionarios se citan para «revisar documentos» esta semana, la realidad es innegable: existe una falta de previsión presupuestal alarmante. ¿Cómo puede una institución pública mantener un servicio de depósito vehicular sin un contrato vigente y con deudas acumuladas? La informalidad parece haber ganado terreno en el palacio municipal.
Un sistema quebrado
Este conflicto revela una desconexión crítica entre dos entidades que deberían ser aliadas. En lugar de una coordinación eficiente para servir al ciudadano, el escenario actual muestra:
Falta de transparencia: Discrepancias profundas en los montos de pago.
Gestión fragmentada: Responsabilidades que se diluyen entre oficinas.
Impacto social: La parálisis de fondos destinados a sectores vulnerables.
¿Qué sigue?
La Beneficencia ha sido clara: no habrá renovación. El objetivo es recuperar el predio para administrarlo directamente y asegurar que esos ingresos lleguen realmente a los programas sociales. Por su parte, la Municipalidad intenta ganar tiempo en una carrera contra el reloj y su propia burocracia.
Al final del día, el problema no son los ladrillos del depósito ni los vehículos que custodia, sino la incapacidad de gestión que termina castigando a quienes dependen de la solidaridad pública. Huancayo no solo necesita orden en sus calles, sino, urgentemente, orden en su propia casa.