La Municipalidad Provincial de Huancayo fue escenario de una tensa jornada de protesta. Empresas denuncian abusos, mientras la gestión califica la medida como un «chantaje» de intereses particulares.
La pugna por el control y ordenamiento del transporte en la ciudad alcanzó un nuevo punto crítico. Este lunes, las inmediaciones de la Municipalidad Provincial de Huancayo (MPH) se convirtieron en un campo de batalla simbólico donde transportistas, liderados por figuras como Walter Contreras (Gran Group), instalaron una vigilia indefinida que incluyó ollas comunes y manifestantes encadenados.
El detonante: Exigencia de renuncia
La consigna principal de los manifestantes es clara: la salida inmediata de Jorge Luis Quispe Ávila, gerente de Tránsito y Transportes. Según el gremio que agrupa a más de siete empresas, la actual gestión incurre en:
Presuntos abusos y favoritismos en la entrega de rutas.
Incumplimiento de resoluciones judiciales que favorecerían a ciertos operadores.
Inacción ante el desorden vehicular y la sobreoferta de unidades que saturan las vías principales.
La respuesta oficial: «No cederemos a presiones»
Por su parte, el gerente Jorge Luis Quispe Ávila no dio marcha atrás. Días previos, el funcionario ya había anticipado que la movilización respondería a intereses particulares de un grupo reducido de empresarios que buscarían operar fuera del marco legal.
«Nuestra gestión apunta a ordenar un sistema históricamente caótico. No permitiremos chantajes mediáticos ni presiones que busquen vulnerar las normas de fiscalización», sostuvo el funcionario, defendiendo los operativos realizados para sancionar el incumplimiento de rutas.
Tregua momentánea y mesa de diálogo
La tensión, que obligó al despliegue de un fuerte contingente policial y la intervención de la Fiscalía de Prevención del Delito, cesó parcialmente cerca de las 6:00 p. m. Los manifestantes aceptaron levantar la medida de fuerza tras acordarse la instalación de una mesa de diálogo para este miércoles.
Sin embargo, el ambiente sigue caldeado. Lo que hoy parece una tregua es, en el fondo, el reflejo de un conflicto estructural donde las empresas y la autoridad no logran consensos, dejando a los ciudadanos de Huancayo atrapados en medio del tráfico y la incertidumbre de un servicio deficiente