Junín vuelve a quedarse con la palabra en la boca. Mientras en las oficinas de Lima se postergan debates por «incidentes» políticos, miles de familias en el centro del país siguen atrapadas en una ruta que ya no da más, esperando que las promesas dejen de ser solo papel.
La historia de la Carretera Central parece un disco rayado. Lo que para el Gobierno es una “prioridad nacional”, para el ciudadano que cruza los Andes es una espera interminable. Esta semana, el Congreso decidió, una vez más, patear el tablero: el debate del predictamen para la nueva autopista quedó suspendido tras un altercado en la Comisión de Transportes. ¿El resultado? Junín vuelve al final de la cola.
Una nueva fecha en el calendario de la espera
El gobernador regional, Zósimo Cárdenas, ha intentado calmar las aguas. Tras conversar con Juan Carlos Mori, presidente de la comisión, asegura que el tema se retomará pronto y que incluso podría llegar al Pleno este 15 de mayo. Sin embargo, para el transportista que pasa horas varado en Ticlio o para el agricultor que ve su mercancía sufrir el trajín de la ruta actual, otra fecha es solo otro número en un calendario lleno de decepciones.
Mucho más que cemento: un plan de vida
Lo que se busca no es solo una ley más para la colección. Se trata de un modelo que permita mover el dinero de verdad: una mezcla de recursos públicos y préstamos que garanticen que las máquinas empiecen a trabajar.
El proyecto es ambicioso y toca puntos críticos que hoy son un dolor de cabeza:
El Túnel Pariachi y la variante de Ticlio: Obras que costarían cerca de 9 mil millones de soles y que pretenden jubilar los tramos más peligrosos y lentos de la ruta actual.
Una inversión escalonada: El plan total supera los 17 mil millones de soles. Una cifra enorme que requiere algo que hoy parece escaso en el país: estabilidad y voluntad política.
Cuando la paciencia se agota
El problema no es técnico, es humano. Cada vez que un congresista decide aplazar la discusión por un cálculo político, la frustración crece en el corazón del país. No es solo falta de infraestructura; es la sensación de que las regiones no importan hasta que hay una crisis.
Zósimo Cárdenas ha pedido evitar los choques, pero el mensaje es claro: la gente está organizada. En los pueblos que conectan la selva y la sierra con la capital, la paciencia tiene un límite. Como dice el dicho popular: «cuando la política se duerme, la calle despierta».
La prueba de fuego
La Nueva Carretera Central ya no es solo una obra de ingeniería; es la prueba de fuego para un Congreso cuestionado. Los legisladores tienen en sus manos la oportunidad de dejar de administrar esperanzas y empezar a construir realidades. Seguir aplazando el debate ya no es un trámite burocrático; es elegir, activamente, que el centro del Perú siga desconectado y olvidado.