“No pedimos limosna, pedimos respeto”, sentencia una de las dirigentes mientras sostiene una bolsa de menestras que nadie en su sano juicio pondría en la mesa. El escenario no es una cocina, sino las afueras de la Municipalidad Provincial de Huancayo, donde más de 70 ollas comunes han decidido decir «basta».
Lo que debería ser un alivio para el hambre se ha convertido en una pesadilla sanitaria. Aceite rancio y cereales invadidos por insectos son las pruebas de una gestión que, según las madres, les ha fallado donde más duele: en la olla que alimenta a los más vulnerables.
El sabor amargo de la desidia
Durante el 2025, la ayuda llegó, pero a un precio muy alto. Las madres denuncian que recibir alimentos en mal estado no fue un error de un día, sino una constante que puso en riesgo la salud de niños y ancianos.
Aunque el gerente municipal, Jhoselim Meza, admite que hubo «observaciones» y asegura que los productos fueron repuestos, para quienes cocinan a diario, la respuesta es insuficiente. ¿De qué sirve cambiar una bolsa de arroz malograda si el control de calidad falló desde el origen? La confianza, al igual que el aceite que recibieron, se ha vuelto rancia.
Una nueva promesa bajo la sombra de la duda
La Municipalidad ha anunciado una «renovación total» de proveedores y asegura que el lunes 11 de mayo comenzará una nueva distribución. Sin embargo, para las dirigentes, las palabras se las lleva el viento si no vienen acompañadas de fiscalización real.
Las claves del reclamo:
Calidad nula: Denuncian maíz con gorgojos y aceite con olor fétido.
Fallas de gestión: Exigen que se audite a los proveedores antes de que el alimento llegue a los distritos.
Plazos urgentes: Las familias no pueden esperar a que los procesos burocráticos se «limpien» mientras el hambre apremia.
La deuda pendiente
Este lunes 11 de mayo será un día decisivo. Las ollas comunes serán las primeras en recibir el nuevo lote, seguidas por los comedores populares. Pero el reto de la gestión municipal no es solo llenar camiones y cumplir cronogramas; es demostrar que la dignidad de los vecinos de Huancayo vale más que un contrato mal supervisado.