No es solo falta de presupuesto, es tiempo de vida que se agota. Una fiscalización de la Contraloría revela que el único centro oncológico de la región opera con equipos clave malogrados y sin medicinas esenciales, mientras el dinero se queda en oficinas administrativas.
En el IREN Centro, la lucha contra el cáncer se libra con las manos atadas. Lo que debería ser un refugio de esperanza para cientos de familias, hoy es el escenario de una crisis que la Contraloría ha puesto bajo la lupa: equipos vitales que no funcionan y farmacias que se quedan vacías.
El diagnóstico: Equipos que callan
El corazón del diagnóstico oncológico está paralizado. Equipos críticos como el tomógrafo, el arco en C y el mamógrafo están actualmente inoperativos. Para un paciente con cáncer, estos aparatos no son solo tecnología; son la única forma de saber si su tratamiento funciona o si la enfermedad ha avanzado. Sin ellos, el seguimiento se vuelve una adivinanza y el diagnóstico llega, muchas veces, demasiado tarde.
Sin recetas, no hay batalla
A las máquinas malogradas se suma un golpe igual de duro: la falta de medicamentos. Pacientes que llegan de lejos con la esperanza de completar sus ciclos de quimioterapia se encuentran con estantes vacíos. Esta escasez corta la continuidad de los tratamientos, reduciendo drásticamente las posibilidades de recuperación de quienes no pueden esperar a que la burocracia se mueva.
¿Prioridades equivocadas?
Lo más indignante del informe presentado por Víctor Lizárraga, gerente regional de control, es que el problema no parece ser solo la falta de recursos, sino cómo se gastan. Las alertas —que vienen desde 2025— señalan que se ha priorizado el gasto en servicios administrativos y contrataciones de personal que no atienden directamente a los enfermos, dejando la atención asistencial en un segundo plano.
El reloj corre para la gestión
La dirección del IREN Centro tiene ahora 5 días para responder y un máximo de 45 días para arreglar este desorden. Sin embargo, para los pacientes que hoy esperan una tomografía o una ampolla, 45 días es una eternidad.
Esta crisis en el IREN Centro no es aislada; es la cara más visible de un sistema de salud regional que también muestra grietas en hospitales como el Domingo Olavegoya de Jauja. La pregunta que queda en el aire es: ¿Cuántas alertas más se necesitan para que la salud de los pacientes sea, por fin, la verdadera prioridad?