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Gerente de transporte denuncia agresión y representante de Galván niega los hechos

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Detrás del caos vehicular que conecta diariamente a miles de ciudadanos entre Huancayo y Chupaca, se esconde una realidad mucho más cruda: la de una guerra por el asfalto que ha pasado de los papeles a las agresiones físicas. Lo que debió ser un operativo de rutina en la avenida Giráldez terminó con un gerente municipal denunciando violencia y un empresario transportista atrincherado en la negación.

El riesgo de poner orden

Para un inspector de transporte, la calle es un despacho sin paredes donde el insulto suele ser el saludo de bienvenida. Sin embargo, para Jorge Quispe, gerente de Transporte de la Municipalidad Provincial de Huancayo, la situación cruzó la línea roja. Según su testimonio, durante una fiscalización inopinada, la autoridad no fue suficiente para frenar la hostilidad de quienes operan al margen de la norma.

El saldo del operativo fue de cuatro vehículos sancionados. Pero el costo humano fue mayor: Quispe señala directamente a un representante de la Empresa Galván como el autor de una agresión que ya reposa en un parte policial y que será llevada ante la justicia por la Procuraduría Municipal.

«Esto evidencia el nivel de riesgo al que nos enfrentamos día a día. No solo es fiscalizar, es cuidar la integridad de quienes intentan hacer cumplir la ley», señalan desde la gerencia.

La otra cara de la moneda: La defensa de Galván

En el otro extremo del conflicto se encuentra William Galván. Para el empresario, la historia es radicalmente distinta. No solo niega la agresión, sino que sostiene que es él y su empresa la víctima de una persecución sistemática.

Galván ha anunciado el envío de una carta notarial, alegando que los operativos son «parcializados». Su postura es la de un hombre que se siente cercado por una gestión que, según él, no mide a todos con la misma vara. Sin embargo, la tensión no quedó en la calle: un video captó el momento en que el empresario irrumpió en el despacho de Quispe para increparlo directamente, una escena que refleja la pérdida de respeto por las formas institucionales en medio de la desesperación por las rutas.

El núcleo del conflicto es un tecnicismo que afecta la vida de miles de pasajeros:

  • La versión municipal: Aseguran que la empresa Galván solo tiene permiso del MTC para servicio turístico.
  • La práctica: Sus unidades operan como transporte interprovincial regular en la ruta Huancayo–Chupaca, careciendo —según la municipalidad— de las autorizaciones locales correspondientes.

Un sistema que urge humanidad

Mientras los funcionarios denuncian golpes y los empresarios denuncian persecución, el ciudadano de a pie queda en medio de un sistema de transporte fracturado. La falta de un régimen de gestión común entre ambas provincias es el terreno fértil para que estos incidentes se repitan.

El conflicto en la avenida Giráldez no es solo una pelea por una multa; es el síntoma de una ciudad que lucha por ordenarse mientras el transporte, motor vital de la economía local, se resiste a las reglas en medio de gritos y denuncias.

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