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Huancayo al límite 900 detenidos por ebriedad y 4 mil multas en lo que va del año

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Detrás de las celebraciones por el 48° aniversario de la Unidad de Tránsito, las cifras revelan una verdad incómoda: la imprudencia y el alcohol siguen siendo los «copilotos» habituales en nuestras calles.

Caminar por las calles de El Tambo, Chilca o el centro de Huancayo no es solo un ejercicio de paciencia frente al tráfico; hoy, según las propias cifras policiales, es una actividad de riesgo. Mientras la Unidad de Tránsito y Seguridad Vial de la PNP celebraba su aniversario número 48 en el complejo Santa Rosa, los datos presentados sobre lo que va del 2026 nos obligan a pisar el freno y reflexionar.

Más que simples números

En apenas cuatro meses, la policía ha aplicado más de 4 mil papeletas. Pero lo más alarmante no es la multa económica, sino el peligro humano: ya se han registrado 900 detenidos. ¿El motivo principal? La peligrosa decisión de conducir bajo los efectos del alcohol.

La mayor PNP Kelly Bustamante Barreto, jefa de la unidad, matizó las cifras indicando que el índice de accidentes es «bajo» respecto a otros años. Sin embargo, para el ciudadano de a pie, la percepción es distinta. Con siniestros reportados a diario, el término «bajo» se siente lejano cuando la causa sigue siendo la misma: la falta de conciencia.

¿Son suficientes 230 policías para toda una ciudad?

Actualmente, 230 efectivos tienen la titánica tarea de vigilar el comportamiento de miles de conductores en los distritos más congestionados. Aunque su labor es constante, la cifra parece insuficiente frente a una cultura vial donde la imprudencia se ha vuelto la norma y no la excepción.

La educación vial se menciona siempre como la cura definitiva, pero los resultados actuales plantean una pregunta necesaria: ¿Estamos fallando como sociedad al normalizar el «manejo pero poquito» o el «no me va a pasar nada»?

El contraste de la realidad

La ceremonia institucional incluyó homenajes y protocolos, una pausa necesaria para reconocer la labor policial. Pero al apagar las luces del evento, la realidad de Huancayo sigue ahí: una ciudad que corre a gran velocidad, pero que muchas veces olvida hacia dónde va y a quién pone en riesgo en el camino.

Las papeletas son un registro del error, pero los detenidos son vidas que estuvieron a punto de terminar en tragedia. Huancayo necesita más que operativos; necesita conductores que entiendan que llegar a casa es más importante que ganar un segundo al semáforo.

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