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No es solo barro, son vidas: El grito de la Selva Central ante el olvido de Provías

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La muerte de una niña en Perené es el rostro más doloroso de una crisis que se pudo evitar. Mientras las lluvias no dan tregua, las máquinas de Provías Nacional no llegan, dejando a miles de familias a merced de la montaña.

En la Selva Central, la lluvia no solo trae vida; este año está trayendo luto. Para quienes transitan la carretera principal, cada viaje se ha convertido en una ruleta rusa. No se trata de simples «bloqueos de vías», se trata de padres que no llegan a casa y de niños que ven cómo el cerro se traga sus sueños.

El vacío que deja el lodo

La tragedia ocurrida hace unos días en el distrito de Perené (Chanchamayo), donde una pequeña perdió la vida bajo un deslizamiento, fue el punto de quiebre. En lo que va de este 2026, cinco familias peruanas ya han tenido que despedir a sus seres queridos debido a las lluvias.

José Vázquez, subgerente de Defensa Civil de Junín, habla con la voz de quien ha visto el desastre de cerca. Su advertencia es un nudo en la garganta para la región: si el Gobierno Central no envía maquinaria pesada ahora mismo, febrero —el mes más feroz del invierno— podría ser un escenario de tragedias constantes.

Trabajar con las uñas

“No podemos quedarnos de brazos cruzados”, dice Vázquez, reflejando la frustración de ver cómo los esfuerzos locales no bastan. Aunque las cuadrillas regionales están sudando la gota gorda en Maranquiari, Bajo Aldea y Pichanaki, la fuerza de la naturaleza es mayor que sus excavadoras.

La indignación crece al mirar hacia Lima. El programa Nuestras Ciudades del Ministerio de Vivienda parece ser solo un nombre en un papel: a pesar de que enero se acaba, a la Selva Central no ha llegado ni un solo refuerzo.

«Estamos en el campo, estamos entregando ayuda, pero necesitamos que el Ejecutivo sienta lo que nosotros sentimos aquí», es el sentir que recorre la región.

Una carretera que es un cordón umbilical

Para los agricultores que sacan su café, para los enfermos que necesitan llegar a un hospital y para los transportistas que pasan noches en vela en medio de la nada, la maquinaria de Provías Nacional no es un tema político; es su única garantía de seguridad.

La Selva Central no pide favores, exige el derecho de transitar sin miedo. El llamado es urgente: menos burocracia en los escritorios y más motores encendidos en las rutas.

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