El aroma a especias y el murmullo cotidiano del Mercado Dos de Mayo se transformaron en un escenario de pesadilla. Lo que parecía una jornada tranquila de ventas terminó en gritos desgarradores cuando Magaly R.S. (44), una conocida comerciante de condimentos, fue envuelta por las llamas en su propio puesto de trabajo.
Una emboscada de fuego
En un acto de crueldad absoluta, un sujeto —aún no identificado— irrumpió en el centro de abastos con un solo objetivo: destruir. Sin mediar palabra, roció a la mujer con combustible y, ante la mirada horrorizada de compradores y colegas, le prendió fuego. El puesto, que solía ser el sustento de Magaly, se convirtió en una trampa mortal de calor y desesperación.
Crónica de una tragedia anunciada
Lo más indignante de este horror es que el rastro de sangre ya estaba escrito. Se sabe que la víctima ya había denunciado agresiones previas y clamado por medidas de protección que, a la luz de los hechos, nunca llegaron a tiempo. La burocracia fue más lenta que la mano del agresor.
Estado de la víctima y cacería humana
Tras ser auxiliada por otros comerciantes que apagaron las llamas, Magaly fue evacuada de emergencia al Hospital Félix Mayorca Soto. El diagnóstico es crudo: quemaduras de segundo grado que marcan no solo su cuerpo, sino su vida para siempre.
Mientras tanto, el atacante logró escabullirse entre los pasillos del mercado y desapareció. La policía ha desplegado un operativo de búsqueda, pero el responsable sigue libre, oculto en las sombras, mientras Tarma exige justicia por un intento de feminicidio que no debe quedar impune.