El último adiós a Rubén Acuña Ruiz está marcado por el llanto y una exigencia de justicia. Sus familiares denuncian que fue enviado a una zona de «alto riesgo» sin ventilación y que la empresa ocultó la gravedad del accidente durante horas.
El último adiós en Huancayo
Entre flores blancas y el silencio sepulcral de su vivienda en el distrito de Chilca, la familia de Rubén Javier Acuña Ruiz despide al hombre que fue su sustento durante décadas. Sin embargo, el duelo no es tranquilo; está cargado de indignación. Acuña es una de las dos víctimas mortales por asfixia en la unidad minera Cobriza, operada por la empresa Operadores Concentrados Peruanos S.A.C. (OCP).
El accidente, ocurrido el pasado viernes 6 de febrero en el nivel 0-40 de la mina (Churcampa), ha dejado al descubierto presuntas fallas críticas en los protocolos de seguridad industrial.
Los hechos: Una «trampa» sin oxígeno
Según los testimonios recogidos en la zona y por parte de los compañeros de labores, la tragedia se desencadenó por una caída drástica en los niveles de oxígeno.
La causa: Se estima que la concentración de oxígeno en el socavón descendió al 15%, nivel incompatible con la vida en una labor subterránea.
Las víctimas: Rubén Acuña Ruiz y Javier Del Castillo Inga fallecieron en el lugar.
El sobreviviente: Víctor Vargas Llocclla logró ser rescatado, pero su estado es crítico y permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en Huancayo.
«¿Quién dio la orden?»: Las denuncias de la familia
José María Acuña, hijo del minero fallecido, lidera el reclamo de transparencia. Su testimonio apunta a una negligencia administrativa y operativa por parte de OCP:
«Queremos que se esclarezca quién dio la orden para que ingresara a esa labor que, según registros, era de alto riesgo y no tenía ventilación adecuada», sentenció.
Puntos clave de la denuncia:
Zona prohibida: La labor donde ocurrió el deceso habría sido catalogada previamente como zona abandonada o no apta para exploración.
Falta de comunicación: La empresa notificó el «accidente» horas después, pero ocultó el fallecimiento hasta la madrugada del día siguiente.
Experiencia ignorada: Rubén era brigadista de rescate y operador con 31 años de experiencia; su familia sostiene que él no habría ingresado a esa zona por voluntad propia si no fuera bajo una orden superior.
El impacto humano: Cuatro hijos en la orfandad
La tragedia golpea doblemente a la familia Acuña. Sonia Tapari, viuda del minero, no solo enfrenta la pérdida de su compañero de vida, sino un futuro incierto. Ella padece de diabetes y dependía totalmente de los ingresos de su esposo para su tratamiento y la crianza de sus cuatro hijos (dos de ellos menores de edad).
«Me avisaron en la noche y nadie respondía mis llamadas. Tuve que ir personalmente a buscar información», relató Sonia, denunciando el abandono emocional y logístico por parte de la minera en las primeras horas de la crisis.
Lo que sigue
La familia y los gremios mineros esperan el pronunciamiento oficial de Osinergmin y la Sunafil para determinar las responsabilidades penales de la empresa Operadores Concentrados Peruanos S.A.C. por la presunta falta de equipos de seguridad y ventilación en la zona del siniestro.